miércoles, 1 de abril de 2015

¿Una persona enojada elabora una llajua más picante?

¿Una persona de mal humor elabora una llajua más picante? Un grupo de estudiantes del primer semestre de la carrera de Gastronomía de Profesional de la Escuela Hotelera en La Paz decidió averiguar si la historia que se escucha desde la época de sus abuelas era cierta.
Consideraron, para su experimento, a dos individuos. Uno fue sometido a un ambiente hostil horas antes de realizar la tradicional salsa picante. El otro estuvo en un ambiente con música que estimula la relajación y rodeado de atenciones.
Es la salsa picante más famosa de Bolivia, tanto que las cadenas de comida rápida internacionales que llegaron al país tuvieron que incluirla en su menú.
"La llajua, el mito del picante” es el experimento que cuatro alumnos decidieron realizar con el objetivo de demostrar o refutar el mito que señala que una persona enojada hace una llajua más picante. Es decir, su estado de ánimo influye en su sabor.

El empleo del ají en la cultura andina data de la época prehispánica y figura en diferentes libros de crónica que, siglos después, hicieron referencia a Copacabana y sus rituales de purificación. No se ha establecido exactamente cuándo aparece la llajua como tal, pero se sabe que fue durante la Colonia.
La costumbrista Elizabeth de Col ha expresado en diferentes entrevistas con Página Siete que en el clima frío se asume desde siempre que lo picante permite tener al cuerpo caliente. Por ello, aparece de forma más frecuente en la dieta de estos lugares, incluida en platos o servida aparte, entre otras cosas porque humecta los platos secos.
"Cuando las abuelas probaban una llajua picante decían: tan fea, tan picante esta llajua. La sirvienta seguro estaba renegando cuando ha hecho”, comenta el estudiante Eduardo Vicencio Mendoza.
Según los estudiantes, los pueblos de las tierras altas utilizaron más el picante que quienes vivían en el oriente por una cuestión de digestión.
En el batán
"A la primera persona le hablábamos de temas negativos, le decíamos palabras que le molestaban a nivel personal. Poco a poco, veíamos que tenía el ceño fruncido y estaba a la defensiva”, explica el estudiante de gastronomía Jorge Alí Sánchez.
Aproximadamente dos horas después le pidieron a la persona que elabore llajua en un batán y con los ingredientes básicos: locoto, tomate y quirquiña.
Otra persona fue la encargada de probarla y la calificó como muy picante, opinión que fue ratificada por los ejecutores del experimento.
La segunda persona fue introducida en un ambiente amable y relajado, donde el buen trato y las palabras amables hicieron que se sitiera cómoda antes de elaborar la llajua. La misma persona, que probó la primera salsa y la calificó como demasiado picante, al probar la segunda manifestó que era agradable, resolución comprobada por los cuatro estudiantes de gastronomía.

Cuestión de concentración
Los estudiantes observaron que cuando la persona estaba enojada no se concentraba en la elaboración de la llajua. Uno de los primeros indicios fue que no se preocupó en sacar todas las pepas del locoto antes de iniciar el proceso.
"La persona trituraba los ingredientes de modo que éstos no se mezclaban o integraban. Por el contrario, había pedazos de locoto enteros que se quedaron así”, indica Julio César Limachi Tambo.
La persona que estuvo en un ambiente relajado y amable se concentró en fusionar los ingredientes y en extraer todas las pepas del locoto antes de la elaboración.
"La conclusión a la que llegamos es que no se trata de que el estado de ánimo mágicamente se transmita al sabor de la llajua, sino que se trata de la falta de concentración”, asevera el estudiante Kevin Condori Durán.
El equipo de estudiantes manifiesta que su experimento es el primer paso para hacer una investigación más profunda y por qué no, otras que echen por tierra ciertos mitos o sean comprobados de una forma más académica.
El experimento se realizó en la materia de Metodología de la Investigación, a cargo del docente Álvaro Gutiérrez Espinoza.
"Una realidad en el tema de la gastronomía es que no hay investigación en nuestro contexto. Los gastrónomos tienen el deber de llevar adelante los saberes académicos y complementarlos con los saberes populares”, explica Gutiérrez.
Estudios pequeños como éste ayudan a incentivar la curiosidad y deseo de investigar los mitos en la gastronomía boliviana, dicen los estudiantes.
"La conclusión puede parecer muy obvia, pero existe un método de investigación que nos ayudó a llegar a ella. Existen temas muy interesantes como los mitos que rodean a la llajua que son dignos de ser estudiados”, finaliza Gutiérrez.